Me volví a mudar
Me mudé por décima primera vez.
Y no, no estoy exagerando.
Once veces he puesto mi vida en cajas.
Primero salí de Venezuela, luego Estados Unidos, donde me mudé unas ocho veces dentro del país y ahora España, donde ya voy por la tercera.
Así que sí, puedo decir que tengo un máster en reinicios.
En Estados Unidos esto es casi un deporte.
La gente cambia de casa, de ciudad y de trabajo con la misma facilidad con la que cambian las estaciones del año.
Pero para quienes venimos de Venezuela y en general, para cualquier inmigrante, una mudanza no es logística:
Es supervivencia.
Mudarte te activa los miedos más primitivos.
Porque, aunque vivas en un apartamento moderno con wifi y calefacción, tu cuerpo no lo sabe.
Tu cerebro reptiliano interpreta el cambio como una amenaza:
Nuevo territorio, nuevo entorno, sin certezas.
Y entonces se enciende el modo huida, lucha, la sobrevivencia.
De pronto, todo se siente incierto:
¿Dónde conseguiré lo que necesito? ¿Quién me ayudará si pasa algo? ¿Será buena persona la vecina?
Mudarse es agotador.
No solo porque levantas cajas, sino porque cada vez que te mueves, tu identidad se tambalea un poco.
Una parte de ti empaca lo que fue y otra intenta imaginar lo que viene.
Y, aunque ya sé cómo se siente, nunca deja de removerme algo.
Pero también te voy a decir esto:
En mi caso, cada cambio siempre ha sido para mejor.
Incluso cuando dolió, incluso cuando parecía un retroceso.
Cada casa me ha llevado a un destino distinto y a una versión mía que no habría conocido de otra manera.
Porque una casa, aunque suene exagerado, puede cambiarte la vida.
Tu entorno sin duda alguna te define, define lo que ves, lo que piensas y lo que crees posible.
No es lo mismo escribir con vista a un bosque que en medio del ruido del tráfico.
No es lo mismo dormir bien que sobrevivir con ojeras.
No es lo mismo tener silencio que tener miedo.
Una casa nueva puede transformarte el cuerpo, la mente y el ánimo (para bien o para mal).
Puede abrirte caminos solo porque te coloca frente a nuevas posibilidades.
Y sí, mudarse cansa, pero quedarse donde ya no encajas desgasta más.
Así que si algo quiero dejarte hoy es esto:
Muévete cuantas veces sea necesario.
De país, de casa, de trabajo o de mentalidad.
Lo cómodo apaga.
Te adormece y te roba el impulso de evolucionar.
Y aunque moverse duela, lo estático te mata más lento.
Hoy mi artículo no viene con herramientas digitales ni estrategias para mejorar tu contenido.
Hoy solo quiero hablarte de la vida.
Porque soy humana y ¿qué sería de nosotras si no expresamos lo que vivimos con nuestras palabras escritas?
No creo que muy humanas…
Y con esta humanidad te comento que la próxima semana volveré con temas más prácticos, sólo déjame esta última semana para instalarme, para salir del modo sobrevivencia y volver a escribir desde la calma.
En noviembre arrancamos nuevos proyectos para empezar 2026 con todo.
Porque no vamos a esperar a enero.
Vamos a empezar ya.
Nos leemos el próximo martes.
Hellen



Te extrañé, pero que bueno saber que estás bien. Un mega abrazo y éxito en tu próxima oportunidad. Yo adoro España. Si tuviera que dejar Puerto Rico, ese sería mi lugar.